viernes, 20 de noviembre de 2009

Fotoperiodismo surge pese a las cortapisas


Publicado en El Telégrafo

Ilustración de Jaime Núñez del Arco


Bajos sueldos, falta de editores fotográficos y poca capacitación son las trabas en este oficio.



“No soy un fotógrafo, soy un periodista”. Con esa liviana frase el –considerado por muchos- padre del fotoperiodismo moderno, Robert Kappa –seudónimo de Endré Friedmann-, solía definirse. En la retina de muchos estudiantes de periodismo y de fotografía quedaron guardadas las imágenes de este húngaro: la del miliciano que, sin soltar el fusil, cae de rodillas, herido en la II Guerra; las del conflicto civil español o las del “Día D”, por evocar unas pocas.

Lo que hacía Kappa era construir imágenes informativas, ser una especie de francotirador que se camufla para contar, desde su propia mirada, la realidad. Es lo mismo que buscan jóvenes fotoperiodistas locales. “Lo ideal es llegar a ser invisible. Es lo que el fotógrafo de prensa quiere. Nosotros no armamos las fotos, no jugamos a ser Dios”, describe su trabajo César Morejón, reportero gráfico de El Comercio.

Algo que Pablo Corral, en sus 25 años de trayectoria, ha logrado. Por eso, es mencionado como un referente por los que vienen detrás.

Para juntar los puntos de vista y los trabajos de los fotógrafos, Corral –cuencano de 41 años, que vive en Quito y ha publicado en National Geographic, Geo, The New York Times, El País- creó hace dos meses, en internet, una red social iberoamericana, parte de un proyecto grande que tiene como puntal la capacitación y como soporte financiero a la Universidad de Miami.

“En Ecuador hay muchísimo talento y gente que está haciendo cosas extraordinarias”, dice Corral. Y esto pasa, en gran parte, porque la revolución digital nos dio a todos las mismas herramientas. “Se ha democratizado el trabajo. Antes, pocos podían tener acceso a la película; ahora es un asunto de investigación, de paciencia, de talento”, explica.

“No existe una cultura de respeto al fotógrafo de prensa. En muchos medios sigue siendo menospreciado”
Sin embargo, este es uno de los momentos más difíciles del fotoperiodismo. No solo porque nunca antes de habían cerrado tantos diarios y revistas a nivel mundial, sino porque los aficionados están tomándose el espacio de los profesionales.

“Ahora cualquier persona con una cámara puede subir fotos flyker (espacio de fotografía libre en la web), y las fotos de aficionados se venden a precios muy bajos, y dejan a los profesionales sin piso”, explica Corral, quien está convencido de que para los independientes es casi imposible vivir de la fotografía periodística. Pero, quienes deciden trabajar en una redacción a tiempo completo, también enfrentan problemas.

Daniel Patiño, quien está en Europa perfeccionándose, y Karla Gachet, quien estudió Fotoperiodismo en la Universidad San José de California, coinciden en tres puntos: bajos sueldos, exceso de asignaciones diarias y falta de editores. Gachet suma otro: “todavía no existe una cultura de respeto al fotógrafo de prensa. En muchos medios, sigue siendo menospreciado. No se le da poder para proponer su propia visión ni para participar de la edición de su material”.

Es que “los periódicos no se dan cuenta de que es mejor tener unas pocas fotos buenas y no muchas que no tocan a nadie, que no tienen profundidad”, agrega Corral, para quien, también, el tema de los sueldos es básico. “Debido a que los salarios son tan bajos, la mayoría de los fotoperiodistas es gente de limitados recursos lo que ha producido una visión mucho más conectada con lo popular”. Esto que, por un lado, resulta enriquecedor, por otro, revela el hecho de que los fotógrafos están muy mal pagados.

Pero Patiño apunta otro factor que está en juego: la ética. Frases como: “Apúrate que es solo una foto”, o “Mientras más sangre y más cerca, mejor fotógrafo eres”, están en la lista de lo que él no quiere volver a oír en una redacción. En Ecuador, dice, hace falta una plataforma que fomente el fotoperiodismo desde la educación, difusión, creación y premiación.

Sin embargo, los consultados concuerdan en que “algo está cambiando”. Gachet lo define bien: “hay una nueva manera de ver las cosas. El país se está empezando a ver diferente. Ahora no solo importa el contenido (que es lo principal en fotoperiodismo) sino también la forma, y lo visual está surgiendo no como complemento, sino como parte principal del mundo en que vivimos”.
Marcela Noriega

“No conozco la palabra poder”


Publicado en El Telégrafo
Foto de Alejandro Reinoso

Es parte del círculo íntimo en Carondelet y está entre los más cercanos a Correa. Pero mantiene un perfil bajo y alejado de los medios.


¿Usted es el hombre fuerte del Gobierno?

(se ríe). Hago bastante gimnasia

Quiero decir: ¿usted es el poder detrás del poder?

He aprendido muchas cosas desde que llegué aquí. Muchísimas. Me costó mucho entender qué era lo que estábamos haciendo, hasta que concluí que nosotros somos administradores de los patrimonios comunes. Es decir: desde la parte que nos corresponde nos toca administrar el patrimonio que es de todos. Entonces, el poder se lo creó como poder cuando se desvirtuó ese concepto. Suena a retórica: pero el poder es del pueblo, porque todos somos dueños de esto. A mí el Presidente me designó para que le maneje una parte de ese patrimonio común.

¿Y qué parte específicamente le encargó?

La parte gerencial, ejecutiva de la gestión del Gobierno. Luego, me dio la responsabilidad formal –porque la tenía de alguna manera informal- de la estrategia comunicacional. Entonces, yo no conozco la palabra poder. Yo conozco la palabra gestión. Dentro de eso, algunos criterios que yo emito, algunos consejos que yo pudiera darle a algún miembro del gabinete o a cualquier ministro, simplemente son parte de la gestión que me corresponde.

O algún consejo que pudiera darle al propio Presidente. ¿Qué tanto lo escucha?
Yo creo que consejo es una palabra bastante profunda. Son comentarios, ideas, conceptualizaciones de algunas cosas. Pero no aconsejar. Somos un equipo grande, se debate mucho.

Pero ¿usted es la persona más cercana al Presidente. ¿O no?

No, yo diría que no. La persona más cercana al Presidente en el área agrícola es el Ministro de Agricultura, en el área social es la Ministra de Bienestar Social... Yo con el Presidente nunca he salido a almorzar, nunca he ido a su casa a socializar ni él ha ido a la mía.

“Desde el momento en que me reuní con él (con Correa) sabía que tenía un producto ganador”...
¿Usted me está diciendo que dentro del Gobierno no tiene más poder que cualquier otro ministro?
Por lo menos yo siento que no tengo absolutamente ningún poder más que el poder de la gestión, de las ideas, del poder administrativo. Claro, hay niveles de jerarquías funcionales. Por ejemplo, yo soy la última instancia operativa, de gestión administrativa, antes de llegar al Presidente. Funcionalmente, tengo una jerarquía de coordinación. Pero en las relaciones políticas, respecto de los grupos sociales, quien tiene nivel de cercanía con el Presidente se llama Ricardo Patiño.

Esas ideas de las que usted habla, la ciudadanía las ve a diario, porque la política de este Gobierno es muy agresiva en el sentido de que está presente permanentemente...

Este un tema de proporciones. Primero: se ha convertido en culpa la experiencia. Es decir: debido a que yo tengo experiencia en el manejo de Comunicación se me ha satanizado. Pero resulta que si va un ministro de Agricultura que tiene experiencia en Agricultura, no hay problema. Va un ministro de Industria que tiene experiencia en Industria, no hay problema. Pero un secretario de Comunicación que tiene experiencia en Comunicación, ¡ohhhhhh, qué terrible!... Yo hasta ahora no me explico... Parecería que se sentirían cómodos si tuvieran a alguien que no supiera nada de Comunicación. Dos: es un tema de proporción. Dos instituciones individuales del país: alcaldía de Quito más alcaldía de Guayaquil han invertido mucho más que todo el Gobierno nacional con sus cincuenta, sesenta entidades.

¿Cuánto ha invertido el Gobierno en publicidad?

Le puedo dar el reporte de Infomedia, que es una empresa externa que hace la auditoría para todos. El año pasado la inversión real fue de alrededor de 6 millones de dólares.

¿Eso qué incluye?
Todas las instituciones del Estado: Presidencia, Ministerio de Salud, Educación, etcétera.

¿Y entre los dos municipios cuánto dice que se gastó?
Superan los 7 millones de dólares.

Eso es un tema cuantitativo, pero en el aspecto cualitativo ¿usted define la política de Comunicación del Gobierno?
Decir eso sería muy arrogante de mi parte. Hay publicidad buena siempre y cuando haya un buen cliente. En esta relación interna de trabajo tenemos muy buenos críticos, muy buenos elementos que dan insumos para lograr esta comunicación exitosa.

Hablando de clientes y de productos, y viendo a Rafael Correa como un producto político, parecería que es lo mejor que le puede pasar en la vida a un publicista. ¿O no?

Cuando --desde la parte privada- manejé la campaña, desde el momento en que me reuní con él sabía que tenía un producto ganador. Y peleé por tener esa cuenta. Le metí mucho empeño y me fue asignada por la propuesta que yo hice. Hubo algunas empresas que participamos y me fue asignada. Ya en el ejercicio de la gestión, obviamente, comparto con las esencias de este proyecto, con las intenciones, con las convicciones del Presidente y por eso resulta fácil comunicarlas.

¿Usted cree que Rafael Correa se siente agradecido porque usted remontó la campaña en la segunda vuelta?

Allí hay que ser justos. La comunicación tiene el factor de hacerle llegar a la gente una idea, es un acelerador de la acción. Pero sin producto, sin contenidos, sin ideas, sin convicciones, no hay nada. Yo creo que hicimos una muy buena campaña, que la empaquetamos muy bien. Llegamos a impactar con una forma de comunicación diferente, pero definitivamente los mensajes son los que valen. Y los mensajes son contenidos, y los contenidos salieron desde la iniciativa del Presidente.

Pero usted ha manejado también productos, figuras políticas, que no funcionaron así...
Lo que pasa es que es bastante difícil. Porque manejar proyectos políticos, íntegramente, como en esta campaña -- en la que incluso llegué a ser subjefe y era parte cliente, parte generador de la idea, parte creativo y productor, y estratega-- es una circunstancia muy positivas. Yo creo que cuando hay buenas intenciones, buenos nortes, buenas ideas, se pueden construir buenos candidatos.

Cuénteme en qué campañas participó

Creo que se ha creado un mito alrededor de mi participación en las campañas y no es tal. He estado cerca de algunas campañas y quizá el perfil de comunicador mío me hizo aprovechar y aprender mucho de eso. Por ejemplo, en la campaña de Abdalá Bucaram, yo tendría 23 años en aquella época, hice un ejercicio de encuesta a nivel nacional; produje algunas piezas de comunicación, de prensa, y podría decir que aprendí el ejercicio político. En la campaña del abogado (Jaime) Nebot propuse en la segunda vuelta algunas ideas de las cuales se acogió una de ellas, que fue un bonito comercial que se llamó Nace un país diferente, que era la contraparte de Primero la gente que había sido muy golpeado en la primera vuelta por el candidato (Abdalá) Bucaram, y tratamos de reposicionar.. Y en la campaña de Jamil Mahuad trabajé con algunos de los candidatos a consejeros, concejales, colaboré coyunturalmente. O sea, en el acumulado he participado en algunas campañas. Pero como director de campaña esta ha sido la primera experiencia que he tenido.

“El día que se atrevan frontalmente a acusarme de algo o a preguntarme tendrán mi respuesta”
¿Usted, como publicista, trabaja para cualquiera, sin importarle la ideología, porque lo que hace es vender un producto?
David Ogilvy dijo alguna vez: “lo primero que tienes que hacer cuando tengas una cuenta es consumir el producto que estás promoviendo”. Por eso dice: cuando cogí las cuentas de Roll Royce me compré uno.

¿No es un poco esquizofrénico eso?
¿Qué?

¿Puede una misma persona consumir a Bucaram, Mahuad, Nebot y a Correa?

Por supuesto que sí, pero no al mismo tiempo. Hay que saber diferenciar el trabajo profesional. Es como que usted me diga: en El Universo solo se pueden sacar noticias de tal tipo, pero no de tal otro. En El Telégrafo solo podemos tratar temas relacionados a lo social, pero…

Pero ¿qué tanto se compenetra como publicista con la ideología?

No estamos hablando de ideologías profundas ni de compartir. Pero, por ejemplo, si mañana me llaman de Nicaragua, o de El Salvador, o de Chile, un candidato de la tendencia que fuere, y me dice: este es mi proyecto político, esta es mi candidatura. Si veo que no contradice esencialmente temas morales y de principios básicos, tiene todo el derecho de participar democráticamente en una elección popular y de tener un asesor de comunicación de marketing. Otra cosa es que yo esté participando íntimamente con este Gobierno, con el que comparto las ideas, y que mañana vaya a ser secretario de administración de un gobierno de ultraderecha.

¿Eso no lo haría?

En principio, le diría que no. Nunca he compartido excesos de nada. Siempre me han molestado la arrogancia, la prepotencia. He sido una persona equilibrada, trabajadora, que ha logrado tener un nivel de tranquilidad y seguridad económica, que empecé de abajo. Yo nací en Quevedo, estudié en una escuelita de Quevedo, me gradué en la universidad Laica, estuve también en la Estatal. Tengo mi forma de ver la vida, tengo mis principios sobre la justicia, el tratamiento de las personas con menos poder adquisitivo. Entonces, no compartiría con algunas cosas extremas… Pero sí me atrevería a ser un buen asesor de un Gobierno que yo considere honesto, moralmente bien ubicado y que de pronto tenga una tendencia de centro, no lo sé. Sí me atrevería a asesorarlo, en un supuesto…

Cuando usted aceptó ser un funcionario público ¿dejó definitivamente de lado su actividad profesional privada?

Sí, claro, básicamente porque no tengo tiempo para otra actividad. A mI empresa habré ido, si le exagero, diez veces en todo este tiempo, y quizá el más largo tiempo que me he quedado sea media hora, hablando con la gente, evaluando…

¿Creacional?

Claro, Creacional, en Guayaquil, que también tiene una oficina aquí, en Quito. Allí viví año y tres meses, me hice un cuartito, y allí viví, en el barrio El Batán.

¿Y Creacional no participa en ningún proyecto del gobierno?
Usted sabe que no. No puede, no debe.

Y UMA Comunicaciones ¿cómo se maneja?

Necesitaba tener el equipo de confianza con el que yo venía trabajando, que maneja muy bien el lenguaje de la campaña, del Presidente. Por eso se creó esta empresa con estos chicos que trabajaban en Creacional, que son completamente independientes, que es una visión totalmente de ellos, que tienen mi plena confianza, y que son los que crean. La mayoría ya no se alcanza, ya estamos llamando a licitaciones con algunas agencias porque ya no se puede más.

¿Por qué creó una empresa, y no lo manejó solo como un departamento de Comunicación del Gobierno?
Porque tiene que ser descontaminado, tiene que estar afuera. No puede ser “in house” (casa dentro), no creo en los “in house” de creatividad, porque se convierten en hablarse de ellos mismos y pierden la realidad de la calle, y tiene que ser externa. Una cosa más: por si acaso hasta este momento habrá entre 18 y 20 agencias de publicidad que manejan la comunicación del Gobierno.

¿Fijas?

La mayoría maneja ya productos, ministerios o temas. Por ejemplo: la que manejaba Salud es la misma que lo maneja ahora, en la parte creativa. A veces hay variaciones. Pero entre 18 y 20 agencias son las que manejan la publicidad del Gobierno. Aspiramos a que sean 40. Esto es algo inusual.

¿Y cómo se hacía antes?
En gobiernos anteriores siempre eran 2, 3 ó 4 agencias las que han manejado las cosas. Pero yo hice un acuerdo con la asociación de agencias para que todas participaran, y lo han ido haciendo poco a poco. Las que estaban acostumbradas, porque tenían muy buena gestión con el Gobierno o porque son de Quito, están teniendo menos participación, pero ahora en mayor número están participando. Otra cosa: cuando me senté aquí en Palacio, le pregunté a las personas encargadas qué descuento tenía en los medios el Gobierno, y me dijeron que tenía el 30% de descuento en televisión. Convoqué a los medios y les dije: “señores, el principal anunciante del país se llama Gobierno Nacional. No es justo que tengamos el 30%... Y llegamos al 60%”. Este año estamos al 70% de descuento en tarifas. Es decir: si un comercial en tal horario vale USD 1.500, el 30% de esa cantidad es lo que está pagando el Estado ecuatoriano.

¿Y por qué usted no ha comunicado esto?

Se sabe, pero no se saca en los medios porque no conviene. Por ejemplo: me he reunido con un periódico y he llegado a un acuerdo del 50% de descuento en la tarifa. Me fui donde este otro periódico (señala a El Universo) y le pedí un descuento para el Estado y me dijeron no. No me he reunido con el Hoy, pero la gerente de ventas me dijo que podríamos partir de un 40%. Y tenemos un 50% de descuento con Expreso.

¿Y los canales de oposición lo aceptaron?

¿Quiénes son los de oposición?

Teleamazonas, por ejemplo
Con todos los canales. Es que hay que diferenciar. Yo tengo una gestión técnica, y los medios están para eso: para llegar a los ciudadanos.

¿Por qué usted no da tanto la cara, no es tan mediático, a pesar de las críticas?
¿Para qué? Hay medios, espacios y circunstancias que merecen respuesta. Hay insinuaciones, dudas, suspicacias, intrigas, sembradas por determinados medios que no la merecen. El día que se atrevan frontalmente a acusarme de algo o a preguntarme formalmente algo tendrán mi respuesta. Porque es muy fácil: si yo estoy cometiendo un acto de corrupción, si yo estoy aprovechándome de esto, están coimando o me están coimando, resulta que yo no me puedo coimar a mí mismo, tiene que haber una contraparte. Es muy fácil, hay tres patas: la secretaría, las agencias de publicidad o los medios. Es fácil mirarse casa adentro. Y no voy a responder sobre algo que es muy fácil verificar. El día que quieran hacer una acusación, responderé. Pero si veo que no tienen calificación moral para qué les voy a responder.

Marcela Noriega

“Fui a la Asamblea a persuadir”


Publicado en El Telégrafo
Foto de Paúl Navarrete

El abogado del Presidente define su rol en la Carta Magna, en el Gobierno, y en la administración de Febres Cordero



Usted proviene de una familia de clase social acomodada. Sé que su padre tenía haciendas, camaroneras, estudió en el Cristóbal Colón, en la Católica… Es lo que el Presidente llamaría un auténtico pelucón. ¿Cómo le sienta ese calificativo?

(se ríe) Mi padre era médico. Yo nací en Bahía, toda mi familia es de allá. Mis primeros años no fueron de abundancia. Y el Cristóbal Colón no era un colegio de pelucones. En mi curso, el más rico era Carlos Pérez (director de diario El Universo), pero tenía compañeros que vivían en el Cristo del Consuelo, en La Saiba, en el suburbio...

Y usted vivía en la Kennedy.
Sí, pero la Kennedy Nueva no era una ciudadela de ricos. Claro, luego mi padre hizo mucho dinero, eso sí es verdad. Con el tiempo pudo darme una educación en la Universidad Católica y al ejercer la profesión me relacioné con gente de clase alta, pero yo no me sentía parte de una élite ni de una peluconada. Después me fui a vivir a Samborondón, pero hace 15 años, cuando en Samborondón no había casi nadie.

En todo caso, usted ha trabajado para pelucones peso pesado: fue asistente del doctor Gustavo Noboa y del ex presidente León Febres Cordero y de dos ex presidentes de la Corte Suprema de Justicia. Ideológicamente ¿cuál es su tendencia?
Le explico: mi papel es de abogado. Soy abogado del Gobierno, del Presidente. Y el ejercicio de la abogacía no requiere de una definición ideológica determinada. A mí me corresponde dar mi opinión jurídica, no ideológica.

Jurídicamente su opinión pesa mucho, precisamente por estos antecedentes, ¿se siente un hombre del poder?
No. A veces se estigmatiza mi relación con el ingeniero (León) Febres Cordero. Pero hay que poner eso en su ubicación histórica.
“Ahora se dice que soy un instrumento de la derecha. Antes, cuando trabajé con Febres Cordero, decían que era uno de la izquierda...”

¿Y cuál es su ubicación histórica?
Primero, yo nunca intervine en el gobierno de León Febres Cordero, eso debe quedar claro. Yo, cuando el presidente Febres Cordero fue elegido, ni siquiera tenía derecho al voto.

Claro, usted estuvo con él desde el 93...
Yo estuve con él en el período alcaldicio. Y recordemos cómo era Guayaquil en el 93: una ciudad que estaba destruida por las administraciones de los Bucaram, una ciudad que estaba apestosa. Y Febres Cordero hizo una labor extraordinaria de reconstrucción de la ciudad. Yo intervine y fui su asistente legal en ese tema. Fue una buena experiencia, y fue un tema estrictamente técnico porque ¿qué ideología hay en reconstruir la ciudad de Guayaquil? Tampoco requiere de una posición ideológica determinada.

No, claro. Pero uno se siente más o menos bien dependiendo del líder con el que esté trabajando. ¿Con quién se siente más cómodo: con un líder como Febres Cordero o con uno como Rafael Correa?
Yo me sentí bien trabajando con Febres Cordero, porque él estaba reconstruyendo la ciudad. Yo no intervenía en situaciones de carácter ideológico ni partidistas. Ahora me siento muy bien trabajando con el presidente Correa, porque es mi amigo desde hace 25 años; conozco toda su vida, sus padres, su vida personal. Sé lo auténtico que es, sé de su entrega por el país...

¿Le parece conveniente que la Comisión de la Verdad investigue los temas polémicos de la administración del ex presidente Febres Cordero?
Eso es lo que hay que hacer. Es que si usted piensa que hay un conflicto de intereses, no lo hay (...). Yo siempre he sido injustamente incomprendido, porque ahora se dice que soy un instrumento de la derecha. Antes, decían lo contrario. Cuando empecé a trabajar con Febres Cordero pensaban que era instrumento de la izquierda, porque yo había sido muy progresista en la universidad. Yo hice política con el presidente Correa en la universidad…

¿Usted militó en el FEDUC (Frente de Estudiantes Democráticos de la Universidad Católica)?
Claro, y éramos un grupo progresista, de centro izquierda. Fui miembro activo del movimiento (...). La universidad era un caldero de la política. Y allí había dos grupos: uno de derecha, muy fuerte, al que siempre nos opusimos, y otro con una visión progresista, del cual formé parte con el presidente Correa. Allí estábamos, entre otros, la ministra de Vivienda, el ex ministro Fausto Ortiz, el director de El Telégrafo...

Algunos dicen que antes el dueño del país era León Febres Cordero y que ahora es Rafael Correa. Y, aunque ideológicamente son muy distintos, usted que ha trabajado con ambos ¿ve algún punto de semejanza?
Yo veo diferencias sustanciales en la manera de trabajar de ellos. El ingeniero Febres Cordero era un hombre que concentraba mucho el poder, el presidente

"Hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo: que el TC pueda revisar sentencias judiciales... que la Corte se reestructure así..."

Correa es un hombre que comparte muchos espacios de poder. Y hay relaciones personales que los hacen muy distintos. Yo creo que el presidente Correa es un hombre mucho más enamorado del país.
Sé que uno de sus hermanos es amigo de Fabricio Correa, el hermano del Presidente.
Compadres. No solo amigos, muy amigos.

¿Usted también era amigo de Fabricio?
Claro, somos muy amigos, nos conocemos desde hace 25 años.

¿Y por qué, entonces, Fabricio Correa le puso a usted un juicio por injurias?
Ya, vea... Ese es un tema que no conozco bien, porque no me han citado legalmente. Yo, antes del Gobierno, había defendido a una compañía que había demandado a Fabricio Correa. Es un tema que ya no manejo, pero en esa época tenía litigios contra él, yo como abogado y él como parte. Y, aparentemente, él me está acusando de algo que dije hace tres años. No tiene ninguna relación con el Gobierno. Yo creo que está mal asesorado.

¿Cuál sería su interés de reflotar eso en este momento?
No sé, yo creo que está mal asesorado, porque su abogado (NdeR: Joffre Campaña, asesor del alcalde Nebot) tiene intereses políticos. Pero le tengo mucha consideración…

¿Pero esto no crea un tipo de fricción entre usted y el Presidente?, porque Fabricio es su hermano y lo seguirá siendo...
Podrá ser hermano del Presidente, pero yo a él le tengo consideraciones de toda la vida. Mi amistad con los Correa es de hace 25 años. Nuestros hermanos son compadres. Fabricio Correa es padrino de mi sobrina.

Y una vez que usted sea notificado ¿cómo reaccionará? ¿Le pedirá de forma personal que retroceda?

Yo no conozco oficialmente el tema, pero de lo que he leído por la prensa es un juicio de daño moral. Y los juicios de daño moral son juicios largos. Y yo en ese tema he ejercido bastante. Es decir: si a usted le ponen un juicio se asusta; pero que a mí me pongan un juicio es cosa de todos los días, es una cosa normal: no es un tema que me altere los sentidos. Pero si a mí me dicen que tengo colesterol alto me asusto, porque no sé nada de eso.

¿Siente el respaldo del Presidente en este tema?
Sí, por supuesto que sí.

¿Qué tanto poder cree que tiene usted en este Gobierno?
El poder que tiene un abogado, que es asesor jurídico, nada más que eso.

¿Es verdad que el Presidente confía tanto que usted le pasa documentos, y los firma sin leer?
No, él revisa todo lo que yo le paso. El presidente Correa no está en las nubes. Él está al tanto de las cosas. Trabaja 18 horas. El lunes trabajó hasta las dos de la mañana.

¿Y usted cuántas horas trabaja?
Más o menos las que él trabaja, porque como soy su asesor jurídico tengo que absolver consultas permanentemente.

¿Este es el trabajo más extenuante que ha tenido?
Así es.

Usted acaba de saltar a la luz pública por otro tema…
(sonríe) Contra mi voluntad.
Y es porque algunos asambleístas cuestionaron el hecho de que usted estuviera los últimos días de la Asamblea Constituyente (en Montecristi) revisando textos que estaban listos para la reconsideración, o sea que ya habían sido aprobados. ¿Cuál fue su papel allí?
Sí, mire, eso fue una mala fe de un par de asambleístas resentidos, amargados…

¿Quiénes?
Los Roldós. Y el tema fue crecido, también, por una prensa de oposición que quiere buscar algún efecto en el Gobierno. Pero le explico lo que pasó: es lo más normal que el día del cierre de la Constitución esté el abogado del Presidente. Es normal que en este caso yo esté informándole de lo que se está resolviendo, de cuál será el futuro del país en los próximos 25 años. Yo no fui a cambiar textos o a hacerlos. Yo lo que hacía era informarme de lo que pasaba, llamar al Presidente, y nada más. Ese era mi papel. Probablemente, alguien me consultaba un par de cosas, porque yo tengo la noción de lo que quiere el Presidente. A veces, acogían mis opiniones, otras no...

¿Desde qué momento participó en el proceso constituyente? ¿Solo fue al final, o desde el inicio?
Yo participé todo el tiempo en el proceso constituyente, como el abogado del Presidente. Oiga, si el Presidente tiene mayoría en la Asamblea, tiene un bloque que controla la Asamblea y tiene allí coordinadores para la elaboración de textos, era obvio que el abogado del Presidente tuviera una labor de coordinación. Yo coordinaba con las mesas, coordiné las leyes…

¿Desde aquí (Carondelet)?
A veces iba a Montecristi a coordinar las leyes de correlación pública, las leyes tributarias, porque yo tengo la visión global de lo que se hace en el Gobierno. Me preguntaban el porqué de tal disposición legal y les explicaba. Mi labor era de coordinación y explicación.

¿Cómo tomaban esa coordinación los asambleístas del bloque?
Muy bien. Porque yo nunca fui a imponer (...). Yo iba a explicar, no iba a decir: oigan ¡cumplan!

Lo que usted dice es esto: como la Asamblea es parte del proyecto político del Gobierno, está bien que el Ejecutivo haya tenido total injerencia en la Asamblea.
No injerencia. El Ejecutivo, al tener un bloque mayoritario en la Asamblea, tiene que coordinar. Oiga, yo veo que en este país pasan cosas de las que la gente se escandaliza. En otros países es normal. ¿O usted no ve que el presidente (de Estados Unidos, George W.) Bush cuando quiere hacer una ley cita a su despacho a los miembros de la oposición?

Lo que parece raro es lo que dice el asambleísta (de Sociedad Patriótica) Galo Lara: que los textos salían aprobados por usted desde Carondelet, e iban directamente a la laptop de Fernando Cordero, sobre todo en los últimos días de frenesí.
Eso es totalmente falso. Yo ni siquiera fui a las mesas, porque sentía que era una indelicadeza, porque en las mesas no solo estaba PAIS, sino que había asambleístas de oposición. A menos que me invitaran, yo no iba a las mesas.

¿Usted era Correa en la Asamblea?
No, simplemente era el coordinador de las políticas del Presidente. Pero yo no hice ningún texto. No hay una letra en esa Constitución que yo haya escrito. Yo simplemente informaba, coordinaba, colaboraba.

¿Ni en los últimos días?
Ni en los últimos días. Con decirle que hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo. Desde el punto de vista técnico, no estoy de acuerdo con el recurso de que el Tribunal Constitucional pueda revisar las sentencias judiciales, y manifesté mi desacuerdo con eso. No me hicieron caso. Porque yo no iba a disponer las cosas, yo iba a persuadir.

Y, en general, con la reestructuración de la Corte Suprema ¿estaba de acuerdo?
No estaba de acuerdo. Era de la opinión de que se mantuvieran los diez (magistrados) para no hacer ese sistema de reestructuración integral. Tampoco me hicieron caso, porque este es un bloque democrático. Uno persuade, pero no viene a imponer. Si yo fuera el que mandara hubiera dicho: bueno ¡cambien esto!

Pero con todo lo que me está diciendo, usted sobrepasó la función que tenía Augusto Barrera, que era la de coordinar entre el Ejecutivo y la Asamblea ¿por qué?
Claro. Augusto Barrera era el coordinador de todos los conceptos, pero en cuestiones técnicas tenía que manejarlas yo. Porque Augusto Barrera es médico y es sociólogo, pero en temas como el de la Corte que, obviamente, no conoce, tuve que intervenir. Pero en temas de medio ambiente, que no son mi especialidad, yo no intervine. Me enteré de ese tema por la prensa y por la Constitución…
“La Iglesia está formada por hombres, y los hombres se equivocan. La cúpula de la Iglesia está equivocada”

Quizá porque usted no intervino fue el único tema en que perdió la visión del Gobierno.
No, porque yo de lo que he revisado de la Constitución –que no la he revisado en detalle- el tema del medio ambiente es totalmente progresista, es un avance para el Ecuador.

Lo que no queda claro es el rol de Augusto Barrera, porque si él era el coordinador ¿para qué tenía que ir el Presidente, los ministros y usted?
Bueno, acuérdese que tenemos 8 meses de trabajo y Augusto Barrera hizo una muy buena labor de coordinación, pero obviamente había temas importantes y era mejor que el Presidente se apersone. La opinión del Presidente siempre es importante.

En cuestiones de fondo y se lo pregunto porque usted es católico ¿cree que esta es una Constitución sobre la que priman principios cristianos?
Cómo no. Si hablamos de que Cristo nos miró a todos iguales, esta Constitución es más cristiana que las anteriores. Si Cristo buscaba la solidaridad entre hermanos, también. Y si hablamos de posturas de la Iglesia las cuales comparto, como el control de la natalidad, también, porque esta Constitución defiende la vida y la libertad del ser humano.

¿Usted es católico practicante?
Sí, practicante.

¿Opus Dei o Teología de la Liberación?
Jajajaja. A uno siempre lo encasillan... No soy de la línea del Opus Dei, nunca he sido partidario y nunca sería. Tampoco de la Teología de la Liberación. Me considero un hombre de iglesia católica, creo en las verdades, en el Papa.

Sin embargo, su Iglesia, representada por la Conferencia Episcopal, no está de acuerdo con la Constitución.
Lo que pasa es que la Iglesia está formada por hombres, y los hombres se equivocan. Y desgraciadamente la Conferencia Episcopal está mal asesorada. Porque es clarísimo que el artículo dice que se protege la vida desde la concepción. ¿Cuál es el miedo? Lo que pasa es que hay ciertos grupos extremistas que ven que todo es aborto. La Iglesia está tremendamente equivocada. Ni siquiera la Iglesia, la cúpula.

¿Usted haría lo que dijo el Presidente: si está en la iglesia y el sacerdote hace campaña por el No, se levanta y le reclama?
Lo haría, pero fuera de la iglesia, porque el momento de la predicación no es para discrepar. Pero estoy de acuerdo con el Presidente en que hay sacerdotes que están comprometidos con la derecha y el poder.

¿Iría a la misa de, por ejemplo, Elías Dávila o del padre Gagliardo?
No, no iría. Porque están en función política, no en función pastoral.

¿Usted diría que es funcional a Correa?
Eso pregúntele al Presidente.

¿Metería las manos en el fuego por él?
Sí.

Y si León Febres Cordero volviera al poder ¿usted volvería a ser su asesor?
Uno debe partir de supuestos reales, no irreales.

Digamos que viene un presidente de ultra derecha...
Si es el señor Febres Cordero, con el círculo que lo rodea, jamás volvería a ser su asesor. Jamás.

Marcela Noriega

“La Constitución hirió el espíritu del pueblo”


Publicado en El Telégrafo
Foto de Alejandro Reinoso

Miércoles 6, aeropuerto de Quito. El presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, Antonio Arregui, se encuentra, de casualidad, con el presidente de la Asamblea, Fernando Cordero, quien ese mismo día lo había invitado públicamente a conversar sobre los temas espinosos de la Constitución. Hablan durante una hora; y Arregui le rechaza la oferta. Desde su oficina en la Arquidiócesis de Guayaquil y con el busto de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, de testigo, explica el porqué.

La oposición lo ha tomado a usted como bandera, porque en pocos días ha pasado de ser el presidente de la Conferencia Episcopal a ser un protagonista político y mediático contra la Constitución, ¿era su intención provocar esto?
Nosotros, como Conferencia Episcopal, hemos expresado estos criterios en numerosas ocasiones. Cuando yo no tenía ningún cargo en la Conferencia, acompañé al Presidente dos veces a Montecristi para presentar nuestros puntos de vista. En uno de los casos fuimos cargando miles de firmas. Y ahora que hemos tomado esta resolución de elevar una voz de discrepancia con algunos textos del proyecto constitucional, me ha tocado presentarlos a la opinión pública. No somos nosotros los que hemos abierto ningún conflicto con nadie. Somos continuos y coherentes con un pensamiento y una doctrina que no se ha improvisado.

Pero usted es el que tiene protagonismo político, no la Conferencia.
Yo no pienso buscar ningún cargo político ni de elección popular, y eso es lo que suele caracterizar al sujeto político. Los sacerdotes, hemos dejado eso a un lado porque tenemos otra tarea en la sociedad.

¿Entonces qué busca?
Nosotros buscamos anunciar la Palabra de Cristo como camino de salvación.

¿Qué busca en esta coyuntura política?
Exactamente lo mismo. Buscamos que el voto que cada ciudadano realice signifique una resolución con significado moral, que sea visto a la luz de la fe y desde la moral cristianas. Sobre ese punto es nuestro posicionamiento y nuestra responsabilidad de pastores.

¿Qué le responde a la invitación pública para conversar que le hizo el presidente de la Asamblea, Fernando Cordero?
Él nos invitó a que fuéramos a su despacho para despejar las dudas que pudiera causar el texto constitucional. Ya le contesté que, agradeciendo mucho su invitación, la declinaba, porque nos era suficientemente conocida su posición.

¿Le contestó eso personalmente?
Le escribí una carta y después coincidimos en el aeropuerto y hablamos largo.

¿Entonces no habrá diálogo entre Gobierno e Iglesia?
Le contesté a la invitación del arquitecto Cordero, no he recibido otra.

¿Y si recibiera una directamente del presidente Correa?
La estudiaríamos cuidadosamente.

¿Se ha sentido ofendido por las críticas de Correa?
Bueno, las críticas que han llovido por parte del sector oficial son ofensivas. Pero yo no me he sentido ofendido, porque conozco cómo suele ser la diatriba en el mundo político, donde tenemos una escuela ya de mucho tiempo, en donde lo que prima es quién es el que inventa el insulto más ingenioso. Es un tipo de enfrentamiento en el que no queremos entrar.

Pero igual ha entrado...
No, yo no le he replicado a nadie con ningún insulto. He tratado de mantener la discusión sobre los temas que son los importantes, que están sobre la mesa y son sobre los que hay que tomar una decisión cívica.

“La Constitución es verdaderamente una agresión que no puede ser aceptada”

¿Usted no cree que la oposición se está escondiendo detrás de las faldas de la Iglesia?
Primero, no todos llevamos faldas (se ríe). Y la oposición, francamente, creo que habría que preguntarles a ellos a ver qué piensan. A ver qué les pasa, a ver si se esconden o qué les pasa. Pero no soy un experto analista político.

¿Qué piensa de ese pedido de un vocal del Tribunal Electoral de Pichincha de que la Iglesia debería pedir un casillero electoral y nombrar un tesorero de campaña?
Entiendo que la propuesta era que el Tribunal nos declare sujeto político y nos pida que pongamos esto… La mera propuesta ya hace quedar en ridículo al señor que lo propuso (Germán Rodas, socialista), y si el Tribunal hiciera eco realmente sería un paso muy sorprendente para América y para el mundo. Ecuador sería el único país que ha dado esa definición de la Iglesia.

La verticalidad de la Iglesia quedó demostrada el lunes pasado cuando usted llamó a más de 200 sacerdotes para instruirlos sobre la Constitución. ¿Qué instrucción precisa se les dio?
A ver, la Iglesia no es vertical. Participamos de la misma fe, buscamos alcanzar el mismo destino. Es básicamente una familia, así la define el Concilio Vaticano II.

Pero hay una jerarquía...
Hay quienes tenemos la responsabilidad de ser pastores, pero no somos el comandante en jefe, sino que somos los primeros en obedecer la palabra de Dios y la proclamamos con fidelidad…
(Suena el teléfono. Arregui contesta y escucha. Luego pregunta “¿A ti también te están amenazando?” Y le pide a quien llama que le ponga una “notita” con todas las cosas que le han dicho para ir “engrosando un pequeño archivo, un dossier”. También le dice que les diga (a quienes supuestamente amenazan) “que denuncien todo lo que quieran denunciar”. Luego se despide: “Tranquilo, es el signo de los tiempos”).

¿Quién era?
Un cura al que están amenazando. Ya voy a ver si lo digo o no lo digo.

¿A usted también lo amenazan?
Claro, ya lo dije. Sus hábiles colegas sacaron ese dato, porque por mucha tierra que le quiera echar, no ha sido posible.

¿Y por qué no lo quería decir?
Porque es un alarmismo, difunde una alarma social, hace sufrir a mucha gente, a otros les da malas ideas.

Entonces usted sí está involucrado en esta polarización
Lo que sucede en esta vida es: si yo paso por mi vereda de la calle y viene un tipo y me da un trompón, ciertamente me involucra en una pelea, pero no es algo que yo he buscado, no he entrado tampoco a devolverle el trompón, sino que es una agresión gratuita a un ciudadano que ejerce unos derechos que la Constitución y el mundo civilizado reconoce.

Estábamos en que usted convocó a estos sacerdotes, ¿qué instrucción les dio?
Los sacerdotes fueron y se les participó la declaración de la Conferencia Episcopal y se les invitó a que participen, a su vez, a sus fieles de la forma que estimen más conveniente. De ahí se trabajaron en grupo un conjunto de iniciativas para ver cómo hacer estos criterios a nuestros fieles.

¿Y qué pasa si hay un sacerdote de izquierda que quiere compartir en su comunidad que está de acuerdo con el Sí?
Eso puede pasar perfectamente, pero eso, en Guayaquil, no ha pasado hasta ahora.

¿Usted se considera un hombre de derecha?
A mí me parece que en este mundo hay más que política. Y hay unas dimensiones de la persona que resultan deformadas cuando se las integra en el molde político derecha / izquierda. Nosotros tenemos una visión religiosa y estamos de alguna forma no digo por encima, pero sí en otro plano que el de esas clasificaciones políticas o sociológicas. Estamos tratando de cumplir una misión unánimemente, que nos compromete a todos los obispos del Ecuador.

Pero usted pertenece a la prelatura del Opus Dei, que es lo más cercano a la derecha...
El Opus Dei también pertenece a una dimensión de la Iglesia, es una rama de la Iglesia y en ese sentido resulta empobrecedor encasillarla en estos módulos que son habituales en la vida política.

¿No le preocupa la polarización que hay en el país?
Claro, pero hay que ver las responsabilidades. Hay que ver las causas en el nuevo Estado, en la nueva Constitución que se proponen. Nosotros tenemos derecho de expresar nuestros criterios, y en eso no hay ninguna responsabilidad polarizadora.

¿No hay, entonces, posibilidad de consenso?
Debe de haberla, la hemos buscado todo el tiempo de la gestación de la Constitución.

¿Está consciente del poder de influencia que tiene en nuestro pueblo la Iglesia católica?
No lo sé, no lo he medido y no sé si sea mensurable. Pero la realidad es que la Constituyente nos oyó, pero no nos escuchó.

“Estéfano Isaías es mi amigo desde hace 40 años. A los otros hermanos los conozco, los respeto, los aprecio”...

Pero sí incluyeron el nombre de Dios en el prólogo.
Mejor hubiera sido que no lo incluyeran.

¿Usted censura toda la Constitución?
Si usted en un vaso de agua cristalina, fresca, rica, le echa un par de gotas de cianuro, se acabó. Una ley que tiene cosas que van contra la ley de Dios queda totalmente dañada. No es separable, no se puede decir: esta parte es la mala, como una manzana que empezó a dañarse, y la otra es sana y comestible. Eso no pasa en un cuerpo legal. A la final, tendrá sus mayores y menores aciertos, pero en el rato en que se enfrenta a Dios, los que lo amamos y tratamos de vivir su palabra, creemos que la Constitución ha herido el espíritu del pueblo del Ecuador y que es verdaderamente una agresión, y que no puede ser aceptada.

El presidente Correa dijo, de alguna forma, que usted tenía un vínculo con el grupo Isaías, ¿es cierto?
Yo no sé de dónde sacó la noticia de que yo había viajado en un avión de la familia Isaías. Después de la correspondiente investigación, el portavoz de esta curia explicó que yo no había viajado nunca, pero que podía haber viajado en uso de mis derechos. No creo que eso tenga que ver con el aborto, la libertad de educación o con nada, sino que es una forma típica de lucha política en la que no vamos a entrar.

O sea que nunca viajó, ¿pero tenía una relación?
Estéfano Isaías es mi amigo desde hace unos 40 años, lo conozco desde que era estudiante. A los otros hermanos mayores los conozco, les respeto, les aprecio, pero no creo que eso me convierta en un traidor a la Patria.

Sé que usted no era presidente de la Conferencia Episcopal (era su secretario) en la época en que, mediante una transitoria en la Constitución del 98, se permitió el salvataje bancario, pero le pregunto porque es el representante de la Iglesia ahora: ¿por qué la Iglesia se quedó callada ante ese atropello?
No quiero entrar en discusión con el Presidente. Discúlpeme, no le voy a responder esa pregunta.

Marcela Noriega

El rostro adusto de Jefferson Pérez


Publicado en El Telégrafo
Fotos de Alfredo Piedrahíta

A los 34 años, el mejor deportista que ha parido el país llega a la cúspide de su hazaña, y se despide. El marchista se embarca en un viaje sin regreso.


Jefferson Pérez (Cuenca, 1974) vuelve en línea recta a su no tan lejana infancia. De allí extrae recuerdos cicatrizados, de simientes dolorosas. Sin que pueda evitarlo, ellos lo regresan a ese estado de indefensión, cuando era diminuto, cuando tuvo hambre, cuando vendía periódicos, cuando quedó huérfano de padre y estaba lejos del dinero, la fama y los reconocimientos que ahora acumula.

Sus memorias hablan de su humildad, pero ahora sus palabras suenan sanguíneas, arteras, seudopolíticas. Sentado en el recibidor de un lujoso hotel, un mediodía de lunes, Pérez admite que, a veces, es “insoportable” y que lo puebla la vanidad, “como a todos”.

Tranquilo como un psicoanalista, empieza un diálogo que permite excavar en una mente poco convencional. Y no hay nadie mejor que él para definirse: “Soy un individuo del caos”.

José Ingenieros decía que la mayoría de hombres reproduce una experiencia sumisa al pasado, son domésticos, mediocres. Unos pocos elegidos, en cambio, varían, piensan con su propia cabeza, los sigue la masa. Son los idealistas. ¿Se siente uno de ellos?
No sé si sea un idealista, pero tengo claro dónde quiero llegar. Y que eso origina un desorden en un medio establecido. Yo jamás me alejé de soñar cosas, aunque las circunstancias fueran adversas. Imagínate a un peladito de 16 años, con su padre fallecido, y su mamá que ganaba lo justo para comer…

Si uno revisa sus declaraciones puede llegar a concluir que si hay algo que detesta es la mediocridad...
En este tema de la mediocridad muchas veces la gente se resiente. Porque creen que si encuentras a una persona que no ha tenido la oportunidad de estudiar o la suerte de comprar libros no puede llegar a tener buen nivel. Para mí eso es falso. Yo busco la excelencia, que es llegar al cien por ciento en lo que estás capacitado a hacer.

¿Qué creencia formó su carácter?
Yo creo en Dios, soy católico. Creo que existe en todo este mundo que nos rodea, además, un principio energético, un principio de luz. Intento, en la medida de lo posible, respetar lo que la naturaleza dispone.

¿Cómo define ahora su momento energético?
Feliz. Extremadamente estable. Y es el momento en el cual, con este nivel de estabilidad emocional me podría quedar tranquilo. Y decido otra vez producir un desorden en mi vida. buscar nuevos retos, y meterme en nuevos problemas, líos.

Pérez está en lo que él llama un “lío psicológico”, en una época de crisis, de convulsión. Su retiro a los 34 años significa un punto muerto que él intenta convertir en generador de vida. Sabe que, por razones físicas, no podrá seguir realizando la actividad que lo hizo grande. Y ese es un paso del que no puede escapar.

“Este es un período de cambio. Puede convertirse en crisis cuando no se tiene nada más que hacer, pero yo tengo millón de cosas que hacer. Tengo mis sueños y mis anhelos claros. Pienso que he terminado solo una primera parte que me sirvió muchísimo y que será una plataforma bastante fuerte para lo que se viene, que será más complejo.

¿Cómo le afecta parar la actividad que lo ha traído hasta aquí?
No es el tema de la actividad. Es el tema de los comodismos psicológicos que tengo en este momento.

¿Comodismos?
Es decir. Yo puedo pensar: a Dios gracias, tengo una situación económica y afectiva estable. Entonces, ¿para qué quiero meterme en otras áreas que me pueden producir estrés, peleas, conflictos? Pero mi espíritu combativo me obliga a hacer un desorden emocional nuevamente, y buscar nuevos retos. Creo que es el momento de no seguir en el comodismo psicológico y buscar un reto más fuerte, más amplio.

¿Cuál es ese reto más fuerte?
En los últimos años intento dar mensajes a la población de cambio, de positivismo. Pero, a veces, con los mensajes no basta. Necesito demostrar con algo tangible, y lo hago a través de la fundación, de la empresa que genera fuentes de trabajo. Les doy instrumentos para que se desarrollen como seres humanos. No les doy bonos gratuitos, no les regalo plata, o fundas de alimentos.

Entonces surge el Pérez que decide entrar al terreno político diciendo lo que piensa, casi sin medirse. Es una zona con minas, lo sabe. Por eso, deja de lado la humildad y cambia de discurso, se vuelve ríspido, grandilocuente y su vanidad aflora. Se atribuye, por ejemplo, haberle quitado el complejo de inferioridad a generaciones enteras y dice que está haciendo algo para romper otras taras colectivas, como la dependencia del “papá Estado”.

“Lamentablemente, hace 500 años nos dieron un complejo de inferioridad, que somos tercermundistas y que ningún trabajo hacemos bien. Yo rompí eso. Ahora hay otro complejo que dice que todo tiene que darnos papá Estado. Espero romper eso, espero que llegue un día en que la gente diga yo he contribuido con mi país”.

¿Cómo capitalizará (políticamente hablando) todo el reconocimiento que tiene?
El tema es que cuando uno capitaliza materialmente todo es temporal y se termina. Pero cuando uno capitaliza emocionalmente es eterno. A mí sobre todo me gustaría poder convencer a la gente de que puede ser mejor, sin importar en qué clase económica haya nacido.

¿Invertiría dinero en difundir un mensaje?
En 2002 gasté el 50% de mi patrimonio para volver a hacer alto nivel, porque no había entidades que me financiaran. Pero eso se recupera. Lo que no se recupera es el tiempo que perdí con mi familia, con mi novia. Entonces invertiría mucho más de lo que tú crees.

Pienso en los 3’400.000 dólares que gastó este Gobierno en promover el Sí. ¿Gastaría dinero a ese nivel en difundir su idea?
Yo creo que el dinero de la gente hay que devolverle a la gente. No gastaría el dinero de la gente en endiosar mi nombre. Por eso tuve que trabajar 20 años para que la gente entienda que el trabajo es el que vale.

En esto de sus mensajes hay un acto de manipulación también, en querer moldear el pensamiento colectivo hacia lo que usted quiere
Hay una manipulación, sí estoy de acuerdo. Pero qué ser humano no es manipulado (....). Yo he insistido siempre: necesitamos un líder humano, un líder que nos respete, un líder que en ocasiones se equivoque, que acepte que hay personas con mejores conocimientos que los suyos, que sea muy enérgico, pero que tenga la humildad de aceptar sus errores. No necesitamos un Mesías en Ecuador.

¿Hay un líder así en el país?
¿Dónde está?
¿Cree que es usted?
No, yo todavía no tengo los pantalones. Aún me quedan muy grandes.

¿Y cuándo le van a quedar?
Eso dependerá de la cantidad de conocimiento que pueda asimilar.

¿Pero ya empezó?
Empecé hace 7 años, cuando, en vez de quedarme en el deporte ganando popularidad, decidí estudiar.

¿Tiene 34 años, cuánto le falta?
Espero que poco. Yo siempre calculo en siglos olímpicos, espero que no sean muchos. Esperemos que no pase de los pares.

¿Se sentirá cómodo viviendo en este país con la nueva Constitución?
No soy cobarde. Vivir en la calle y el deporte me han enseñado a pelear. Yo no voy a salir en el primer vuelo corriendo de aquí. Yo me muero en mi ley. Y si es que todos debemos arrimar el hombro, hagámoslo, pero no nos sentemos a llorar.

¿Hay animadversión entre usted y el presidente Correa?
Es probable que algunos tengan esa impresión. Yo recuerdo que conocí a un economista que fue a Cuenca a visitarme cuando era candidato a la Presidencia. Era amable y escuchaba a las personas. Y también conozco a un Presidente con el que me he reunido a comer en varias ocasiones. Pero he tenido la suerte de conocer gente con mucho más poder, poder eclesiástico, poder político. El deporte me hizo entender que detrás de todo ese protocolo del rey, del ministro, del presidente encuentras que son seres humanos.

Sin embargo, Pérez siente que no ha sido reconocido por el poder como él se merece. Critica el homenaje que le hizo la Presidencia. Para él tuvo gusto a poco y lo sintió fingido. En sus palabras hay dejo de resentimiento.

¿Cuántos de los homenajes que le han hecho los ha visto como falsos?
Creo que más bien son obligados. El último me pasó ahora en la Presidencia. Obligados por la circunstancia, tomaron la decisión de hacerlo y no hubo (calla un momento)… Sí, sí, creo que fue obligado.

¿Dijo que el homenaje se lo debieron hacer a usted solo, y no a todo el equipo olímpico?
No. Lo que dije es que cuando te dicen: no vamos a condecorar al deportista, sino a condecorar el esfuerzo realizado por la delegación. Entonces, ¿para qué quieres ser bueno si puedes ser malo? ¿Para qué quieres ser medallista olímpico, si puedes quedar de último y no importa? Si lo que van a premiar es el esfuerzo.

¿Qué significa eso?
Que tú no eres el resultado del esfuerzo, eres el resultado de una competencia. Y entre millones de energía, solo uno llegó primero. No me pueden decir que no importa si quedé segundo, tercero o último.

Eso suena prepotente...
No es justo que un estudiante que se sacó el aire durante seis años para terminar sus estudios de secundaria tenga la misma nota que alguien que iba una vez a la semana. Por supuesto que es importante el esfuerzo, por supuesto que es importante el pundonor. Pero también es importante el resultado.

¿Cree que los demás no se exigieron al máximo?
Nadie conoce lo de nadie. A lo mejor alguno de ellos se peleó con su pareja, o sus padres se enfermaron, o ellos no llegaron bien físicamente. Pero una de las cosas que me llamó la atención en la mesa cuando conversábamos con algunos deportistas, fue que el señor Presidente dijo que los atletas eran personas sacrificadas. Y yo le dije que no. Porque un atleta no es un sacrificado, es un esforzado. Y cuando un atleta se pone la palabra sacrificado en tu cabeza tiene complejos de inferioridad. Y cuando hubo la exposición de los diferentes criterios, muchos de los deportistas que estaban allí dijeron “sí, yo soy sacrificado”...

¿Usted cree estar en otro estado mental?
Sí, y quizá será porque no me obsesiono. Hay otros que sí se obsesionan en tener seguridad, se obsesionan en tener su carro, su novia, su vida. Y yo no. Pienso que se debe reconocer la diferencia. Hasta en la propia naturaleza se manifiesta que siempre tiene que motivarse a los mejores.

Hay vanidad detrás de lo que dice...
Seguramente, porque ningún ser humano deja de ser vanidoso. En el rato en que dejemos la vanidad nos convertiremos en dioses. Por supuesto que hay vanidad, por supuesto que hay humildad, coraje, felicidad, por supuesto que existe todo.

¿Para qué fue si sabía que no era sincero?
Si faltaba habrían dicho que estoy plantando al Presidente y a un lindo homenaje. ¿Qué era? Un cebiche preparado por el chef belga. Yo vengo aquí a la vuelta de la piscina olímpica y encuentro mejores cebiches y no necesito un chef belga.

Volviendo a la medalla de plata. ¿Si no la hubiera ganado, usted habría sido un mediocre?
Hace 4 años no gané medalla, siendo el favorito. Yo odio quedar en segundo o tercer lugar. Odio. Entiendo que a veces hay deportistas que se pudieron preparar mucho mejor, pero que de mí van a encontrar un 95 por ciento de esfuerzo ¡jamás! Conmigo tienes que pelear al máximo. Si eso implica que quede de último sacando mi máxima capacidad significa que son superiores, probablemente, pero no que sea mediocre.

¿Le costó perdonarse hace 4 años?
Algunos errores fueron por mi responsabilidad. Nunca me voy a disculpar porque por quedar bien con algunas personas cometí errores.
Entonces, se abre el Pérez más íntimo. El que contesta palabras desde dentro, en su versión más genuina.

A usted lo han catalogado como el mejor ecuatoriano de todos los tiempos, ¿en qué es mejor usted como ser humano?
En cometer errores. Ninguno de ellos está vivo para cometer errores y yo aún tengo la oportunidad de cometer más errores.

¿Qué defecto propio le molesta más?
Creo que soy insoportable. Cuando alguien comete reiteradamente errores me vuelvo insoportable.

¿Cuál es su estado mental más común?
Intento tener un control de la ansiedad estable. Porque tengo una ansiedad muy alta. Con el deporte la controlaba. Ahora hago que mi mente se mantenga ocupada, trato de disciplinarla.

¿En qué ocasiones miente?
No creo que sean mentiras, solo creo que en ocasiones, por evitar dolor, cuento la primera parte hasta que la persona esté preparada para oír la segunda parte.

¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
Para que exista el bien debe existir el mal. Y si hay una persona que asesina a otros teniendo el poder político, armamentista. Si no existiera él no habría gente de buena voluntad que intentara cambiarlo.

¿Cuál es su mayor miedo?
La muerte de niños inocentes.

¿Su mayor remordimiento?
Creo que no he tenido la capacidad de poder transmitir de mejor manera a las generaciones el tema de los retos, el coraje, la lucha. No he tenido sabiduría para transmitirlo.

¿Qué le disgusta de su apariencia?
Que a veces uso ropa bonita. Preferiría ponerme la camiseta rota que tengo hace 10 años, aunque seguramente saldría la prensa y dirían ¡mira, ya está en la mendicidad!...

¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
Ahora, en la vida actual que estoy teniendo.

¿Cuál es la cualidad que más aprecia en una mujer?
La libertad, que sea libre. Libre emocionalmente, libre psicológicamente, libre, libre, libre.

¿Y en un hombre?
La perseverancia.

¿Un héroe de la vida real?
Mi madre, porque creo que representa a millones de mujeres que día a día tienen que matarse para sacar adelante a sus familias y jamás nadie le va a entregar una medalla.

Marcela Noriega

“La SIP usa la libertad de prensa de parapeto"


Publicado en El Telégrafo

Gerardo Albarrán de Alba, habla sobre uno de los espacios de reflexión periodística más influyentes en idioma español.



Saladeprensa.org es un proyecto independiente, sostenido con trabajo voluntario de periodistas y académicos de 26 países de América y Europa, que impulsa la libertad de prensa y el derecho a la información. Su creador y director es Gerardo Albarrán, periodista mexicano con 30 años de experiencia, autor de varios libros de Periodismo, miembro del consejo editorial de la edición mexicana de Le Monde Diplomatique y creador del Diplomado en Periodismo de Investigación que se imparte en el Tecnológico de Monterrey y en tres universidades más.

Desde su tribuna, Albarrán define a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, “como un club de dueños de medios” que defiende intereses de empresas que lucran con un bien público: la información.

¿Considera que la SIP es una voz moral seria que puede analizar objetivamente el tema de la libertad de prensa en América Latina?
No puede anatemizarse a la SIP por el solo hecho de ser un club de dueños de medios, que por cierto cuenta entre sus miembros a varios entre los mejores del continente, como Clarín, en Buenos Aires; O Globo, en Brasil; El Universal y Reforma, en México; El Mercurio, en Santiago; o El Nacional y El Universal, en Venezuela, por citar solo algunos ejemplos de buenos diarios de centro-derecha en cuyas redacciones trabajan algunos de los mejores periodistas latinoamericanos. A pesar de que en términos muy generales es fácil coincidir con los 10 principios de la libertad de prensa que la SIP pregona en su declaración de Chapultepec (identificados plenamente con la democracia liberal, aunque a veces chocan con la esencia de un Estado democrático y social de Derecho), también debe reconocerse que suele utilizarlos de forma maniquea.

Es decir, cuando desde el Estado se trata de regular la actividad de las empresas periodísticas o comunicacionales, dichos principios se enarbolan alertando contra supuestos atentados contra la libertad de prensa, como si esta fuera absoluta y primara sobre el interés general. En otras palabras, es una constante que la SIP utiliza la libertad de prensa como parapeto para defender, en realidad, la libertad de empresa. Esto es perverso. Ningún derecho fundamental de los ciudadanos -como lo es el derecho a la información- puede ni debe ser regido por el mercado; esto es tarea indeclinable del Estado.

“Ningún derecho fundamental de los ciudadanos puede ni debe ser regido por el mercado”
¿La conformación de la SIP (está integrada por dueños de medios y no por periodistas. Enrique Santos, dueño de El Tiempo, acaba de ser nombrado presidente) ¿la condiciona a defender intereses empresariales?
Enrique Santos es un excelente periodista (recordemos su sociedad con Gabriel García Márquez en la revista colombiana Alternativa, en la segunda mitad de los 70) que, por lo mismo, tiene el deber moral de encontrar el justo equilibrio entre la defensa de las libertades de prensa y de expresión, y el legítimo interés mercantil de las empresas periodísticas y comunicacionales sin mezclarlas. Cada cual tiene su propio espacio de defensa jurídica y -si se quiere- hasta política. Pero no olvidemos que Santos no representa a los periodistas, sino a algunos dueños de medios, y él tampoco debe olvidar que las empresas agrupadas en la SIP lucran con un bien público: la información. Esta será una tarea difícil para él, pues asume la representación de los propietarios de los medios en un momento en que la tensión entre Estado y mercado alcanza sus máximos niveles en la región y en el mundo.

¿Qué tan apegados a la verdad son los informes de la SIP? Porque, por ejemplo, incluyeron a Ecuador en la lista de países donde se asesina a periodistas por dos casos de crímenes en los que la justicia ordinaria demostró que nada tenían que ver con la represión.
Señalar las agresiones contra periodistas y medios es una obligación deontológica. No solo se trata de resguardar física y materialmente a estos actores, sino de salvaguardar el derecho a la información que nuestras sociedades ejercen a través nuestro. Pero esta tarea debe realizarse sin detenerse en contemplar intereses coyunturales y extraperiodísticos que dominan las agendas políticas y económicas de los dueños de los medios. Denunciar solo aquellos casos que apuntan como responsables de agresiones a los enemigos de sus negocios (como Venezuela, Bolivia o Ecuador), y callar ante otros casos como el mexicano (en el que la administración derechista de Felipe Calderón ejerce un boicot publicitario contra el semanario Proceso, como forma de castigo por su línea editorial, y no se ha resuelto un solo caso de periodistas asesinados o desaparecidos), es un acto mezquino, miserable, que socava la autoridad moral de quien lo hace.

¿Existe algún otro organismo que pueda representar los valores periodísticos en el continente?
No que compita con la visibilidad e influencia política de la SIP, pero existen muchos colectivos profesionales locales (como Fopea, en Argentina, o el Cencos y el Cepet, en México, o la FNPI, en Colombia), así como regionales (Fepalc, el capítulo latinoamericano de la FIP, o la ya veterana Felap), que lo hacen de formas distintas pero complementarias.

El periodismo debe ser defendido por los periodistas, mediante un ejercicio profesional, en primer lugar; luego, por la sociedad, su principal beneficiaria, y finalmente por las empresas periodísticas, cuya única justificación para existir es servir a la sociedad.

Marcela Noriega

El periodismo de profundidad naufraga


Publicado en El Telégrafo
Ilustración de Dadá

Todo empieza por un disparador. Una frase que suena en el oído del periodista como una bomba, como la punta de un ovillo que de-senredar. Un disparador como el que Rodolfo Walsh –el argentino, autor de la primera novela de no ficción- escuchó y que dio origen a Operación Masacre. Alguien le dijo: "hay un fusilado que vive", y él entendió que ese era un llamado para empezar una investigación reveladora. Un disparador fue lo que leyó Truman Capote un día en el diario: en el pueblo de Holcomb, Kansas, asesinaron a cuatro miembros de una familia.

Así nació A sangre fría. Otro disparador fue lo que escuchó Bob Woodward, periodista del Washington Post que investigó Watergate, en la sede policial donde habían llevado a los detenidos por el asalto al comité demócrata, cuando uno de los sospechosos dijo ser "consejero de seguridad de la CIA".


El tema es cuánto les costó a Walsh, a Capote y a Woodward investigar estos casos. Meses y años, dinero y hasta la propia vida –en el caso de Walsh-. Pero si son estas las investigaciones que perduran en la memoria colectiva, las que sacan a la luz la corrupción de políticos, empresarios, militares y demás gente del poder ¿por qué la labor investigativa está tan venida a menos y las unidades de investigación se han extinguido de los diarios?


"Muchos dueños de periódicos en América Latina se lanzaron a hacer como el Washing-ton Post o el New York Times sin tener clara idea de los costos y los peligros. En algunos casos, se organizaron equipos de investigación porque quedaba bien o estaba de moda después de Watergate, pero les resultó demasiado costoso o descubrieron cosas que los mismos dueños no podían o no querían aceptar que se publicaran. En muchos de nuestros países, los corruptos van a los mismos clubes, frecuentan los mismos amigos y en muchos casos están emparentados con los dueños de los medios". Esa es la respuesta que le da a El Telégrafo Roberto Herrscher, periodista argentino, director del Master en Periodismo de la Universidad de Barcelona, profesor de la Fundación para el Nuevo Periodismo, de Colombia, y colaborador de medios de España, Estados Unidos y América Latina.


Otro factor importante, cita, es el tema del costo: "tener a dos o tres periodistas de primera fila sacando un gran reportaje cada dos o tres meses requiere mucha voluntad y vocación. Los gerentes y los accionistas siempre se van a oponer. Es triste ver cómo en ciertos diarios lanzan al vuelo águilas instándolas a que vuelen alto, y les van recortando las alas hasta que terminan metidas en jaulas de canario".


Sin embargo, y aunque Herrscher está de acuerdo con que la investigación debería ser la base de cualquier sección: Cultura, Deportes y hasta Farándula, dice a rajatabla que "una unidad de investigación es útil y necesaria". Porque hay asuntos complejos que requieren tiempo, conocimientos de informática, leyes, fuentes especializadas y muchas veces dos o tres para armar o discutir una historia. "Es mejor que periodistas alejados de la tarea de cubrir regularmente una fuente (políticos, empresarios, militares o hasta deportistas) se encarguen de sacarles los "trapos sucios" mientras los "regulares" siguen cubriendo sus actividades", sugiere.


“Es una tragedia la moda de estos diarios con textitos mínimos y mucho diseño y mucho colorete...”


Además, aquí (en el periodismo de profundidad) puede estar la clave para que los periódicos se salven del vendaval que es la televisión y el Internet. Sin embargo, parece que la tendencia va por otro lado: un periodismo más light, de textos más cortos y de más impacto gráfico. "Es una tragedia la moda de estos diarios con textitos mínimos y mucho diseño y colorete para gente que no lee", describe, y dice más: "el que compra su diario quiere que le cuente más, le explique mejor, le haga comprensible un mundo cada vez más caótico. Los diarios y las revistas de información son las que deben guardar la antorcha de la agenda propia, el estilo depurado, el contexto que hace comprensible lo que pasa hoy, y la investigación periodística como herramienta básica de la democracia".


Héctor Pavón, periodista de la revista de cultura Ñ, del diario Clarín, de Buenos Aires, profesor de Periodismo de Investigación y autor del libro El 11 de setiembre... de 1973, lamenta que las unidades de investigación suelan empezar con mucho entusiasmo y terminen siendo muy criticadas. "La realidad es que los grupos de investigación están obligados a presentar trabajos, por lo menos, semanales y terminan publicando investigaciones que no tienen relevancia. Muchas veces creen que sólo pueden realizar investigaciones espectaculares y no saben cómo trabajar cuando la investigación se vuelve social".


Coincide en que muchas veces estas unidades batallan contra los intereses de las empresas periodísticas. "Se las considera caras y terminan siendo anuladas por las mismas empresas. Esto ocurre porque ya no existen diarios independientes, sin conexión con los poderes económicos y políticos. Los periodistas de investigación suelen tocar los intereses, sin saberlo, quiero creer, de la empresa en la que trabajan o a la que pertenece el medio y ahí mismo finaliza la investigación".


Pero sigue habiendo periodistas valientes –a quienes, como, dice Pavón, "la metodología de la investigación ha vuelto desconfiados y curiosos"- y diarios decididos a publicar sus trabajos. El profesor Herrscher resalta al nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, quien se unió a la revolución sandinista en su lucha contra la dictadura en los setenta, dirigió el diario del gobierno revolucionario, Barricada, fue echado por tratar de hacer un periodismo de izquierda pero no servil con la línea y los intereses personales de Daniel Ortega, investigó como free lance los desmanes y robos de los gobiernos anti-sandinistas, y hoy, que volvió Ortega a la presidencia, se lo persigue para callarle la boca. En Costa Rica, La Nación formó un equipo que logró que se abrieran juicios contra tres ex presidentes de distinto signo político. Con sus investigaciones ganaron el Premio Rey de España y el Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Daniel Santoro, de Clarín, de Argentina, o Mónica Gónzález, en Chile y su agencia de periodismo de investigación Ciper son otros buenos ejemplos. Todo está en buscarlos. En la era de Internet se puede acceder al trabajo de todos ellos "y encontrar ejemplos y causas para no desanimarse".

Marcela Noriega